Carnaval. Novena entrega

La mayor parte de las veces, los disfraces de carnaval se nos ocurrían de un año para otro, pero en el año 2002, se acercaba febrero y todavía no se nos había ocurrido nada.

Una noche fuimos al cine a ver un musical que nos habían recomendado y he de reconocer que no me enteré del argumento, porque desde el minuto uno yo solo veía decorados por todas partes. Ese año disfrazamos el Isla de Cuba de Moulin Rouge.

Forramos las paredes de tela roja con ribetes dorados y transformamos el futbolín en una sensual cama con dosel, que daba la bienvenida a todo el que atravesaba la puerta.

cama

Por aquel entonces teníamos un cliente que regentaba un negocio de no muy buena reputación y le pedí un bote de perfume, del que utilizaba en su local, para ambientar aún más el Isla.

Con un paraguas y unas botellas de agua hice una lámpara que, años después, seguía luciendo en el bar.

lampara

grupo

En la fachada Javi se curró un molino rojo con luces en las aspas y quedó tan logrado que por el barrio se rumoreaba que habíamos cambiado de negocio. Y no me extraña! Nos tomábamos los carnavales tan a pecho que unos días antes ya estábamos metidas en el papel y guiñábamos el ojo a todo el que entraba a tomarse algo.

La noche que vino el jurado el bar olía a vicio mientras disfrutábamos de una actuación dotada de un marcado componente erótico……continuará.

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